Prosecco: Freixenet celebra la versión más chill de las burbujas

Pablo Berruecos
7 Min Read
El Prosecco de Freixenet trae a la copa el espumoso italiano que conquistó al mundo sin pedir permiso: fresco, frutal y sin protocolo.

Hay vinos que llegan con manual de instrucciones: la copa correcta, la ocasión correcta, el protocolo correcto. Y luego está el Prosecco, que llegó al mundo con una sola instrucción: disfrutarlo. El Prosecco de Freixenet es exactamente eso: el espumoso italiano más famoso del planeta, elaborado en su tierra de origen y fiel al espíritu que lo hizo grande: menos reglas, más Prosecco.

¿Pero qué es el Prosecco exactamente? Todos lo han visto en una copa, aunque pocos saben realmente de dónde viene. El Prosecco es italiano de nacimiento y de carácter: nace en el norte de Italia, entre las colinas del Véneto y Friuli-Venezia Giulia, y se elabora principalmente con uva Glera, una variedad que ha crecido en esa región por siglos y que le da su firma inconfundible: notas frutales que recuerdan a la manzana verde, la pera y el durazno, junto con toques florales que lo hacen ligero, aromático y peligrosamente fácil de disfrutar.

No hay que ser experto para apreciarlo. Solo hay que tener sed de algo bueno. Un dato que lo dice todo: cada año se producen más de 500 millones de botellas de Prosecco en el mundo, lo que lo convierte en uno de los espumosos más consumidos del planeta.

Prosecco de Freixenet

El Prosecco de Freixenet (servir a 6–8°C) lleva ese espíritu a la mesa con todas las credenciales: frescura vibrante, perfil frutal y esa efervescencia alegre que convierte cualquier martes en algo que vale la pena contar. El frío es la única regla que sí importa, porque es lo que despierta toda su frescura.

A partir de ahí, su lugar natural está donde la tarde se pone interesante: el aperitivo en la terraza cuando cae el sol, el brunch que nadie quiere dar por terminado, la cena que abre con ostras o un tiradito y se queda en sobremesa. En la mesa acompaña sin esfuerzo carpaccios, burrata, mariscos frescos, pescados a la parrilla y pastas ligeras, y como base de un spritz bien servido, es el centro de la hora dorada.

Porque esa es la esencia del Prosecco: la manera más relajada de disfrutar burbujas sin renunciar al estilo. Sin protocolo, sin esperar a que algo «lo amerite», con esa soltura italiana que hace ver bien cualquier plan. Una terraza al atardecer, un brunch entre amigos, una cena que se alarga porque nadie quiere irse: todos son momentos Prosecco. Las burbujas no necesitan un gran evento para descorcharse: basta un buen momento y ganas de hacerlo memorable.

Hay Mucho por Vivir, descúbrelo en @FreixenetMex.


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Productor de TV - Especialista en Nuevas Tecnologías - Editor y Dir. Comercial de los blogs de ONE Digital - Monchi Time es para compartir Antojos de la Vida, con Estilo.